lunes, 4 de agosto de 2014

Chilena

-No me van a decir que no se acordaron de lo del Gordo, cuando hoy se cayó el Turco, en esa jugada, justo afuera del área-, dijo Angelito.
-Si, tenés razón, Ángel, ¿te acordás?- contesto el Loco. Enseguida se plegaron al recuerdo unos cuantos mas, mientras nos cambiábamos en el vestuario, después del picado de los jueves.
-Che, quien es el Gordo-, pregunto Martin, un pibe nuevito que vino de la mano del Tumba, que la mueve bastante, y la verdad que siempre viene bien sangre joven, que corra, mientras los demás a esta altura, jugamos con la cabeza, más que con las piernas.
-¿Vos no lo conociste al Gordo?-, pregunta Ángel-.
-Y, no, ¿como querés que lo conozca si lo del Gordo fue hace como tres años y este recién llega?-,  interpela con su habitual amabilidad el Morsa, impresionante marcador central, que solo con pararse en el trayecto del delantero contrario, aborta cualquier intento de amague, revoleando hombre y pelota como si fueran una unidad indisoluble.
-Contalé, Angelito, contalé- anima el Tumba. De inmediato se produce un profundo silencio en el vestuario, todos agachamos la cabeza y dejamos de guardar la ropa en el bolso, de ponernos desodorante o cualquier otra cosa que estuviéramos haciendo, dispuestos a escuchar nuevamente el relato de Angelito.
- Me acuerdo como si fuera hoy. Estábamos jugando en la cancha de Paternal, ¿te acordás, Morsa?, esa que teníamos que entrar por  un pasillo larguísimo al fondo, parecía que pasábamos a la otra manzana de tan largo que era-.
-Hacia un calor importante. Fue a fines de marzo, pero igual se sentía fuerte el calor. Empezamos a repartir los equipos, y como siempre el pobre Gordo quedaba para el final. Entre que estaba gigante y siempre había sido de madera, no lo quería nadie en su equipo. Finalmente le toco con nosotros, y Carlitos estaba a las puteadas, porque no quería de ningún modo jugar con él. Lo mandamos al arco que en general era el puesto donde se mandaba menos cagadas.
Pero ese día estaba claramente descoordinado. La pelota le pasaba entre las piernas, le rebotaba en la cabeza y entraba, le doblaba las manos y entraba, se tiraba y no se levantaba ni para el segundo tiempo, un desastre. Para colmo Carlitos lo volvía loco, lo carajeaba, lo cagaba a pedos y el Gordo incólume se las bancaba todas.

En un momento decidimos que saliera del arco, antes de que Carlos lo cague a trompadas.  Lo mandamos de punta, porque si lo dejábamos abajo era capaz de hacer goles en contra.
Decí que ese día los demás estábamos inspirados, y no nos sacaron mucha ventaja, con decirte que faltando cinco minutos, y sin el Gordo en el arco, empatamos.
En el último minuto, ya cuando el de la cancha venia a sacarnos, estábamos defendiendo nuestro arco, casi colgados del travesaño, menos el Gordo que se había quedado tomando mate con el arquero contrario y ninguno del otro equipo se había quedado a marcarlo, total no valía la pena. Te imaginas a esa altura no podía ni moverse. En eso un rebote de nuestro arquero sale despedido justo a la puerta del área contraria, exactamente donde estaba parado el Gordo.
Todos seguimos la trayectoria de la pelota, y vemos que el Gordo medio que se acomoda, levanta la cabeza, saca pecho, la para con la parte de arriba de la panza y la pelota sale levemente para arriba y adelante, y en el preciso momento que creemos que ahí se terminaba el partido, el Gordo, se tira para atrás, levanta la pierna izquierda y en un movimiento impensado en una mole de ciento veinte kilos, se sostiene en el aire, como flotando y le pega de lleno con el empeine del pie derecho, en una chilena admirable, digna de Francescoli, y la pelota va directo al ángulo superior derecho del arco. Increíblemente el arquero se estira como nunca, llega a tocarla y la manda al córner.
Todavía sorprendidos de la jugada, vemos al Gordo, que todavía estaba tirado en el piso. Uno grita en tren de joda, -¡¡¡Médico, llamen a la ambulancia!!!-, otro dice –¡No mejor traigan la grúa!-, seguido de exorbitantes carcajadas.
El primero que llega para ayudarlo a levantarse, es Carlitos, pero no puede, lo sacude y el Gordo no dice nada, no abre los ojos, nada, esta como desmayado. Sigue tratando de reanimarlo como puede, hasta que el Gordo, por fin, abre los ojos y con un hilo de voz, pregunta:- ¿Fue gol, Carlitos…, fue gol. Viste que yo también puedo?-. Y Carlitos, todavía no sabemos porque, le responde –Si, Gordo, fue un golazo.¡¡ Ganamos, Gordo, ganamos!!-.  Al Gordo se le dibuja una sonrisa inmensa en la cara, y sin más, cierra los ojos.
Para cuando llegó la ambulancia, ya estaba muerto. Nunca supimos si fue el golpe que se dio contra el piso, si fue un bobazo, o que, la cuestión que el tipo quedo seco en la cancha.
-¿Y con Carlitos que pasó?, a ese tampoco lo conozco-, dice Martín.

-No sé, no sabemos, no vino nunca más, ni contesto ningún llamado, anda a saber capaz que le pego tan fuerte, que nunca más quiso venir. Anda a saber-

Número

¡¡La reputisima madre!! Mira la hora que es y todavía me faltan dos cuadras para llegar al puto banco, y estos recontra pelotudos que no avanzan. No entiendo cual es el problema con estas viejas chotas que salen a hacer las compras con el auto y no saben manejar ni un triciclo. ¡Qué carajo tiene que hacer esta vieja en la calle, la puta que la remil pario!
Para colmo, hace un calor de la reconcha de la lora, yo sin aire acondicionado en este auto poronga y esta vieja de mierda que no se mueve.
¡Por fin se despierta! Son las tres menos cinco, y la reputa madre. Y todavía tengo que buscar lugar donde estacionar. No llego a cobrar el cheque y me matan. Le tengo que pagar a estos tipos, sino mañana, no van a querer venir a laburar.
También este otro nieto de puta, que me paga el viernes a última hora y después quiere tener el trabajo terminado ayer.
Bue, menos mal, llegue con lo justo. El cornudo de seguridad casi me deja afuera, tuve que poner el pie en la puerta para que no me la cerrara en la jeta, el muy cabrón.
Que saque número, me dice el de seguridad con cara de ojete. Yo voy y saco número. El cincuenta y nueve. Pregunto por cual van a otra vieja chota, no la misma del auto, que me mira como si le estuviese preguntando cuando fue la última vez que se la garcharon, y me dice – Fíjese en el cartel-, señalándome un cartel electrónico donde están los números, que yo no había visto, y la reputa que la pario a la vieja.
Tengo como veinte, todavía, adelante mío, banco de mierda, seguro que hay un solo cajero que se rasca los huevos entre uno y otro que atiende, sino explícame porque carajo tarda tanto en llamar al que sigue. Para peor, con este asunto de la seguridad pusieron los laberintos adelante de las cajas y no podes ver un sorete.
¡La recontra putísima madre! que pelotudo que soy, rompí el puto número. También, estos papelitos son una cagada, y encima yo que me pongo a jugar y a doblarlos como un tarado.
Espero que no me hagan problema, creo que todavía se ve el número de mierda. ¿Y si no me atienden, estos turros? Mejor voy y saco otro, total soy el ultimo, no entró nadie atrás mío.
La reconcha de la lora, la maquina trola, después de hora no da más números.
Mejor le pregunto al de seguridad con cara de ojete. Que pedazo de hijo de puta, me miro con cara de sobrador  y me dijo –No se preocupe, señor, lo atienden igual-. Un cornudo, confirmado, ahora no sé si me lo dijo porque  de verdad me atienden o para que no le rompa los huevos o nada más porque es un resentido hijo, nieto, biznieto y chozno de putas que me quiere cagar el día.
Y todavía me faltan diez números. Me va agarrar un bobazo si sigo así.
Este cajero puto que no llama, seguro esta pelotudeando con alguna de las minitas que están ahí atrás, se está haciendo el galán, el forro de mierda. ¡Llama al que sigue la puta que te pario!!
¿Y si me dice que no se ve el número y no me atiende? Pero el número se ve, tampoco es que lo hice pedazos. Además, ¿para qué necesita el número?, capaz que el de cornudo de seguridad con cara de ojete tiene razón. También puede ser que me diga que fui a hacer otro trámite y que no saque número antes de las tres. No, eso no puede ser, el número lo tengo, roto, pero lo tengo. Igual me llega a decir que no me atiende y lo voy a tener que cagar a trompadas, pedazo de turro, se cree que porque esta atrás de un vidrio me puede basurear. Mejor me calmo, porque sino, no me van a pagar el cheque y necesito la guita, pero este hijo de puta del cajero ya me hizo calentar, junto con el conchudo de mi cliente, el cornudo de seguridad de cara de ojete, este banco de mierda y las dos viejas chotas, la del auto y la mal cogida que me mando a mirar los números.
La verdad es que no esta tan roto, se partió a la mitad nomas, no me pueden decir que no me atienden.
Cincuenta  y ocho, uno mas y me llaman, la reputa madre estoy más nervioso que la mierda, y todo por el puto número que rompí, que tremendo pelotudo.

Ahí está, cincuenta y nueve, mi número, me toca.

lunes, 8 de julio de 2013

Sicario

A pesar de estar a plena luz del día, cruzó el jardín delantero sin que nadie reparara en su presencia. Esquivo el triciclo que estaba tirado en el camino de entrada y encaro hacia la puerta principal.
Había hecho bien su trabajo de inteligencia y sabía que la puerta quedaba sin llave, luego de que entrara la mucama.
Estaba preparado  para cumplir con la misión que le había encomendado Fozzie “El Oso”, el hasta ahora mas duro de los lideres de la facción de “Los Orcos”, llamada así en honor a sus fundadores, grandes guerreros, expertos en el manejo de puñales envenenados, a quienes el destino los llevo a ser finalmente abatidos en batalla.
Era necesario vengar a  Joseph “El Mercenario”, caído en una emboscada pergeñada por la pandilla de “Las Muñecas”, fieras amazonas que no dejan títere con cabeza.
Estas dos bandas, “los Orcos” y “Las Muñecas”, eran,  por lo menos desde que tiene memoria, enemigos irreconciliables.
Abrió sigilosamente la pesada puerta de madera, atravesó el hall y comenzó a subir la escalera, camino al primer piso, donde se encontraba su objetivo.
Llevaba en su mano derecha el arma con la que pensaba completar su cometido. Recorrió con la yema de los dedos el filo, confirmando nuevamente que era la herramienta indicada. La había elegido después de evaluar cuidadosamente el modo de llevar a cabo el trabajo, su experiencia lo hizo concluir que sería la más adecuada para realizar limpiamente la tarea.
Transitó el largo pasillo, hacia la puerta de la habitación donde se encontraba su víctima, quien ignorante de lo que le sucedería en un momento, disfrutaba de un merecido descanso.
Se paro frente a la puerta correcta y lentamente la empujo hacia adentro.
Desde el vano, comprobó, que ella estaba sentada frente a la ventana, de espaldas a la entrada y avanzo sin hacer ningún ruido, hacia la dorada cabellera.
De un zorpazo, estuvo sobre el blanco, la tomo del cuello y de un solo y limpio  movimiento, termino su labor.
Sin mediar casi un instante, escucha un grito confundido entre sollozos, proveniente del pasillo, un grito que nunca hubiese querido escuchar, un grito que le auguraba las más terribles consecuencias,
-¡¡¡Mamáááá, Nicolás, le corto el pelo a mi Barbie!!!-

lunes, 4 de febrero de 2013

Accidente

 
-Diego, Diego. Por fin te despertás-.
Escucho que me hablan y no llego a reconocer la voz, tampoco veo claramente, lo único que puedo distinguir es apenas una sombra delante de un fondo muy blanco.
-¿Estas bien, podes oírme?-
Creo reconocer la voz. Es Julio, mi amigo. Si, estoy seguro que es él. Con un gran esfuerzo alcanzo a  preguntarle,
-¿Julio, sos vos?, ¿que pasó?- ¿donde estoy?,
- Si, si, soy yo. Tranquilo, nene, tuviste un accidente con el auto.-
Ya un poco más lúcido, entiendo que estoy en la cama de un hospital, aunque todavía debo estar bajo los efectos de algún calmante, porque sigo viendo borroso y  siento como si estuviera flotando, más que acostado.
-Julio, ¿como estoy?, no me duele nada, ¿estoy bien?, ¿me paso algo?- se me apilan las palabras, y no se que preguntar primero.
- Mira, Diego, no se como decirte esto…- balbucea mi amigo.
-Habla, no te quedes callado, por favor- le  ruego a Julio, con las pocas fuerzas que tengo.
- Bueno, yo te lo digo. Perdiste las dos gambas-
Recibo la noticia como un mazazo de lleno en la cabeza. Quiero incorporarme para ver por mi mismo los muñones, que apenas imagino, pero no puedo.
-¿Cómo que perdí las piernas, Julio? ¡Yo las siento!.- inmediatamente digo esto, recuerdo algún documental que vi en la tele donde hablaban de los miembros fantasmas.
Antes de poder seguir elaborando algún pensamiento, Julio me dice
-Para, cabezón, yo no te dije que perdiste las piernas. Yo te dije que perdiste dos gambas. En realidad fueron dos gambas y pico. Supe, que cuando saliste de tu casa llevabas doscientos treinta y cinco mangos. Esa guita no apareció.-
Pasan un par de segundos hasta que alcanzo a comprender lo que me dijo Julio, y tomando un poco de aire le lanzo,
- ¡¡¡La reputisima madre que te pario, como me vas a hacer esa joda, sos un boludo!!!-
-Bueno, no es para tanto, es para distender un poco. Calmate, estás completo, no te falta nada y descuida que acá vas a estar mejor que en ningún otro lado-
Cierro los ojos, tratando de recuperar la respiración y el pulso, pero me doy cuenta que en realidad ya estoy tranquilo, respirando bien y con el corazón en ritmo.
-¿Contame que pasó, contra que choqué?-
- Contra otro auto que se paso a la mano contraria. Al tipo le dio un infarto-
- ¿Cómo que le dio un infarto?, ¿antes de chocarme?-
- No, mientras. Cuando vio tu cara de horror, de frente, le dio un bobazo.-
- Ah, pero vos sos un boludo importante, ¿cuando vas a hablar en serio?-
Que pedazo de turro. Este tipo no cambia mas, siempre el mismo jodón. Si me acuerdo que cuando él estuvo en el hospital, hasta el último minuto de su vida, se lo pasó contando chistes.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Laberinto

Presiento que se acerca, inexorable, el momento del enfrentamiento.
Solo espero la orden de salida, esa orden, que desde otra dimensión retumbará como una bomba dentro de mi, enviada por el dedo del Hacedor que guiara mis pasos hacia la victoria.
Listo. Estoy, por fin, listo para enfrentar este laberinto en el que se ha transformado mi vida.
Listo para llevarme por delante los obstáculos que se interpongan en el camino y devorar  todo lo que encuentre a mi paso.
Listo, dispuesto a luchar contra los fantasmas que me acosan y pretenden no dejarme  llevar a cabo mi cometido.
El momento llegó. Salgo a poner la mente y el cuerpo a esta lucha por mi subsistencia y la de los míos. El Hacedor calcula mis movimientos y yo los ejecuto.
Los fantasmas están ahí, acechando detrás de cada esquina de este infame laberinto. Mientras, yo sigo buscando la herramienta que los ponga a la defensiva. Que los deje momentáneamente fuera de combate, así puedo ir dando cuenta de ellos, uno por uno. Asi tendre la posibilidad de retornar a la seguridad de mi refugio, integro, nuevamente.
Sin embargo, esta batalla que estoy librando es excesivamente dura, se me están agotando las energías, y me están acorralando.
Imploro al Hacedor que tome firmes las riendas de la lucha, y me de fuerzas, para no tener que malgastar una vida mas en pos de acceder al próximo escalón. A saltar de nivel, en esta guerra contra las fuerzas del poderoso mal.
No puedo mas, no tengo escapatoria, me rodean y me superan.
Finalmente, vencieron, llegaron a mí y me atraparon, secándome por dentro y dejándome como una uva pasa.
Mis predecesores no me dijeron que iba a ser tan terrible el paso por el laberinto. Lamentablemente, no he podido responder al Hacedor, tendrá que recurrir a mis hermanos, para ganar la batalla.
-¡¡¡NO, HACEDOR!!!, no te des vos por vencido, todavía contamos con  posibilidades de ganar…, no…, por favor, no culmines la lucha- grita el derrotado. Mientras a lo lejos se escucha, otro grito, el de Agustina, exclamando:
-¡Sofí, ya tenés el pac-man!-

domingo, 6 de mayo de 2012

Grito

Todavía me parece increíble estar encerrado en esta celda, esperando ese maldito juicio.  Ya perdí la noción del tiempo que hace que estoy acá.
Tienen que estar equivocados. No es posible que haya hecho lo que ellos dicen. Seguramente, cuando los jueces me escuchen, van a entender que yo no pude haber sido.
No puedo haber matado a María, si era mi amor, mi tesoro, mi vida entera. Tampoco a ese muchacho del que no conozco ni el nombre, y que ellos dicen que era con él, que María me engañaba.
Es imposible, ella nunca me traicionaría. De ninguna manera María seria capaz de engañarme, a pesar de que hemos tenido nuestras discusiones, jamás haría algo así. Esto mismo se lo dije a mi abogado, el me dijo que me quede tranquilo, que ya tendría oportunidad de defenderme cuando comience el juicio y que íbamos a encontrar una manera de llegar a la verdad.
¿Cuanto hace que no viene a verme el doctor?  Ya debería venir a decirme cuando empieza el juicio. Tenemos que estar preparados. Mamá me dijo que me iba a traer mi traje azul, el del casamiento, para ir al juzgado vestido decentemente, pero... ¿de eso cuanto tiempo pasó?  Creo que ya debe haber sido como un mes atrás, y todavía no tengo noticias.  En el próximo turno voy a llamar por teléfono. Me preocupa que esto demore tanto.
Alguien se acerca  a mi celda, ojalá sea el aviso de una visita, mi abogado o mi vieja, que viene a traerme el traje.
-Ernesto, vamos que es la hora de tomar un poco sol, vamos viejo, que el día esta lindo.-
Que pena, no es una visita, es nada más que la hora del patio.
Intento levantarme pero mis piernas no me responden. Hago un nuevo esfuerzo, pero es en vano. Miro con detenimiento donde estoy sentado, y resulta ser una silla de ruedas. ¿Qué hago en silla de ruedas?
-Vamos abuelo, déjeme que lo empuje, que anda queriéndose levantar de la silla. Mire si después de tantos años, va a caminar-
¿Cómo “tantos años”, que dice este tipo? Me miro las manos, y veo unas que no son mías, huesudas, amarillentas y arrugadas.
En el camino hacia la puerta, cruzo delante del pequeño espejo inclinado que hay sobre el lavatorio de la celda y refleja la imagen de un anciano que no alcanzo a reconocer. En ese momento dejo de escuchar el bullicio sordo de la cárcel, tampoco escucho lo que dice el guardia que empuja mi silla. Lo único que escucho es un grito, mi grito, ahogado y profundo de desesperación.

miércoles, 18 de abril de 2012

Vida

No estábamos preparados para lo que nos paso, Vida.
El solo hecho de pensar que hace pocos meses estábamos disfrutando nuestra luna de miel, y hoy estamos acá, resulta por lo menos extraño, Vida.
Todavía recuerdo esa noche, hace ocho meses, cuando me dijiste que creías que ibas a tener que ir al medico, y me pediste que te acompañara.
Finalmente la visita al medico, no hizo mas que confirmar nuestra sospecha.
-Bueno, chicos- dijo el doctor Arzuaga, -es así nomas, para ustedes empieza una nueva vida y principalmente para vos-, esta vez lo dijo mirándote, Vida.
-No mas hockey y aflojar un poco con las maratones, correr algo esta bien, y si es posible caminar, mejor-
Los primeros tres meses fueron tranquilos, nada se modifico demasiado, solo el haber comenzado con los cuidados  solicitados por el médico.
Fue después del primer control, que comenzamos a percibir los cambios en tu cuerpo, Vida. Ese físico tan perfecto, tan trabajado y cuidado, del que me enamore cuando te conocí, empezaba a cambiar. De todas maneras eso no era lo importante, Vida.
Luego, hace cerca de un mes, llego el tiempo del reposo.
-Ahora, es cuando mas hay que cuidarse, falta poco y hay que estar bien, para luego poder recuperarse mas rápido-, dijo Arzuaga.
Dos días atrás, me dijiste
-Vamos al sanatorio, creo que es tiempo-. Agarramos el bolso, que como sucede en estos casos ya esta preparado, y partimos para allá.
Hoy estamos acá, en esta lúgubre sala. Yo, parada al lado del ataúd en donde estas acostado, pálido y delgado, recibiendo a familiares, amigos y tus compañeros de hockey, sin poder creer que ese maldito cáncer te haya llevado de mi lado, Vida.

sábado, 31 de marzo de 2012

Ponjas

Nico y Lucas estaban sentados a la mesa habitual de Tío, el bar de la esquina de Artigas y Bacacay, a pocos pasos de la plaza  y de la estación de Flores. Escuchaban música y conversaban de la banda que estaban formando, cuando ven entrar a Jorge,
 -Uh, Nico, cayó el antiguo- dice Lucas.
-!Mira la peluca que se puso!- exclama Nico.
-No es peluca, boludo, se tiño los pocos pelos que tiene-
-¿Que tal los pendex? ¿Que hacen acá, a esta hora, que no están en el colegio? ¿se ratearon, se tomaron el olivo?
-¿Que haces, Jorge?  No, falto el de Física, y nos soltaron-
-¿En que andan, si se puede saber? ¿Están componiendo algo?
-No, estábamos escuchando una banda nueva, Galneryus*-
-Je..., ¿y como lo escuchan? ¿Hacen lectura de pensamiento ustedes? Si no tienen ni un walkman.-
- Vos si que te quedaste en el siglo pasado, tenemos i-pod con blue-tooth, y los auriculares inalámbricos.-
- ¡¡¿En serio, me decis?!! Si yo hubiera tenido eso cuando era pibe, me hubiese levantado unas cuantas minas. ¿Como dijiste que se llama la banda?-
-Galneryus, son japoneses, tocan metal xD, te vuelan la cabeza.-
-Dejate de joder, ¡¡¿japoneses?!! ¿Y que metal tocan, la katana? ¿Que son samurais?  Ustedes me están tomando por boludo..., japoneses. Ja… me hacen cagar de risa, pibes.
Al ver la cara de los chicos, Jorge muta su sonrisa por incredulidad.
-¡¡¿En serio, me decís?!!   No te puedo creer, fijate vos estos turros, se meten con lo que se les pone adelante, los ponjas.  Si en su momento no les alcanzo con querer bailar tango, que encima se metieron a querer tocarlo!... Si hasta tienen sus propias orquestas típicas, podes creerlo pibe, con violines, contrabajo, guitarra, piano, fueyes y hasta flauta.  Si se levantan de la tumba el Mudo, Pichuco, D’Arienzo y Pugliese se vuelven a morir, queridos. Se imaginan a De Caro, o a Mores con cinco japoneses mas arriba del escenario y en vez del Feo, un chino que canta…, no se, por ejemplo, Cafetín de Buenos Aires, ponele. – De chiquilin te milaba de afuela, como esas cosas que nunca se alcanzan, la ñata contla el vidlio, en un azul de flio…- . No, muchachos, esto es joda, me están haciendo calentar.
Viendo el cariz que tomaba el discurso de Jorge, Nico que ya se había cansado un poco, propone,
-Lucas, vamos yendo, que nos espera Facu en la casa para ir ensayando algo.
-Dale, vamos. Chau, Jorge nos vemos después. – Dice Lucas comprendiendo la señal de Nico.
- Chau pibes, buenos yeites, y acuérdense de escuchar otras cosas, no estos ponjas, que no deben saber de que lado se toca la viola, querido. Ustedes tienen que escuchar, buena música, aunque no sea de su palo, buenas melodías, buenos arreglos, no cualquier tachín-tachín.-
- Chau Jorge - se apura a saludar  Nico, asustado que se largue con otro discurso.
Cuando se van los chicos, Jorge se sienta contra  la pared , del lado de la ventana que da a Bacacay, para poder mirar mejor la Kawa Z750, que dejo en la vereda, se acomoda la campera de cuero, guarda los anteojos negros en el bolsillo, pone a un costado el sobre con las cuerdas que recien compró para su Fender Stratocaster, made in Japan**, (no la Squiers***), al decir de Jorge mejor que las americanas,  y llama al mozo.
-Lucio, escuchaste a estos pibes, ponjas tocando metal, vos podes creerlo.
Lucio le pasa una rejilla sucia a la mesa de melamina marrón, mueve la cabeza de un lado al otro, como dándole la razón, mientras Jorge sigue con su monólogo.
-Te aseguro, que estos pendejos, ni deben saber de Deep Purple, Led Zeppelin, Pink Floyd, ni de AC/DC deben saber estos pibes. Como mucho escucharon a los Stones.
Lucio parado al lado de la mesa, espera en silencio por el pedido.
-Traeme, un chopp, Lucio.- pide Jorge y cuando el mozo se esta yendo, lo ataja y le dice,
- No te olvidés los ingredientes.-

*www.galneryusumacher.com  website oficial. En youtube se pueden encontrar videos de la banda.
**En la decada del '80, se fabricaron algunas Strato con licencia en Japón, ademas de las americanas originales y las mexicanas.
***Las Squiers son copias japonesas de las Strato.

Aniversario

Ese no era un día cualquiera. Cincuenta años de casados no son poca cosa.
Ya desde la noche anterior todo estaba absolutamente planificado. Levantarse un poco mas tarde y desayunar en el jardín, septiembre acompaña, café con leche, tostadas con mermelada de naranja y queso crema. Un principio ideal.
Próximo paso, subir al auto para ir de Flores a Lanús y empezar a recorrer aquellos lugares que marcaron el principio de la historia.
Primero, aquella casa de Lanús donde en una fiesta se conocieron.
 –Te acordas, negra, cuando Alejandro te convenció de venir.-
Alejandro, hermano de ella y amigo de él, conocía al dueño de casa y oficio de Cupido, invitando a ella y a él.
Después, el salón de belleza donde ella trabajaba  y él puntualmente iba a buscarla para luego acompañarla hasta su casa, próxima parada.
-Esta un poco cambiada, mi amor, no te parece.-
Le sigue la Iglesia de Pompeya, donde se casaron cincuenta años antes.
-Esta si que esta igual, negrita.-
-Mi amor, lo contentos y nerviosos que estábamos.-
La recorrida continuo con un almuerzo frugal, camino a la casa de él. Un edificio en la calle Piedras, propiedad del ministerio, donde su padre era el encargado, y vivían en el ultimo piso.
-Me acuerdo ese día del ’55, cuando los aviones bombardeaban Plaza de mayo y  abrían las compuertas sobre nuestras cabezas, pensé que no te veía mas, negri.-
Allí en ese edificio, después de casados, tuvieron su primer hogar, apenas una habitación y baño, hasta que pudieron alquilar algo mejor.
-Acá si que hizo calor ese verano, mi amor.-
Ahora, ultimo tramo, subir a la 25 de Mayo, tomar General Paz y después Panamericana, bajar en el Km. 42, estacionar el auto, comprar un ramo de flores y caminar hasta el sector L, sección 20,  parcela 040, del cementerio privado, para dejarle a ella, que se fue apenas unos pocos días después del aniversario numero 49, esas flores que tanto le gustaban.

jueves, 29 de marzo de 2012

Nunca vino

Nunca vino, Juan, y eso que la estuve esperando más de cuatro horas después de la hora que habíamos quedado. Me fui pasadas las diez, ya estaba muerto de frio,  porque viste que aunque sea primavera, por la noche refresca.
Habíamos quedado que nos encontrábamos en la plaza a las seis de la tarde, te juro, Juan, que habíamos quedado.
¿Vos decís que no habíamos quedado, Juan?, pero si yo le dije, te garanto, Juancito, te lo juro por la luz que me alumbra, que le dije que voy todos los martes a la plaza a las seis de la tarde.
Y no, la verdad, ella confirmarme  no me confirmó nada, pero me miró, te aseguro, Juan, me miró, y asintió, como quien dice –Si.-. ¿Que mas queres que haga, que le mande una carta documento?.
Tal vez le tendría que haber aclarado que la esperaba, pero me pareció que no hacia falta, si estuvimos un rato conversando en la maquina de café de la oficina.
Bueno, Juan, esta bien, tenes razón el que hablo fuí yo, …ella mucho no dijo, pero me saludo, Juan, me saludo. –Hola-,  me dijo, si así como te cuento, -Hola-, me dijo. No fue un hola muy efusivo, pero tampoco me puso cara de asco.
Aparte, cuando le pregunte, si quería un café, me asintió, como te conté antes, entonces me adelante, puse la ficha en la maquina, aproveche y le dije lo de la plaza. Cuando salió el café se lo di,  me dijo, -Gracias-, y se fue para su escritorio.
Te das cuenta, Juan, estaba todo claro, es como te digo, habíamos quedado  Juancito, habíamos quedado.