jueves, 29 de marzo de 2012

Nunca vino

Nunca vino, Juan, y eso que la estuve esperando más de cuatro horas después de la hora que habíamos quedado. Me fui pasadas las diez, ya estaba muerto de frio,  porque viste que aunque sea primavera, por la noche refresca.
Habíamos quedado que nos encontrábamos en la plaza a las seis de la tarde, te juro, Juan, que habíamos quedado.
¿Vos decís que no habíamos quedado, Juan?, pero si yo le dije, te garanto, Juancito, te lo juro por la luz que me alumbra, que le dije que voy todos los martes a la plaza a las seis de la tarde.
Y no, la verdad, ella confirmarme  no me confirmó nada, pero me miró, te aseguro, Juan, me miró, y asintió, como quien dice –Si.-. ¿Que mas queres que haga, que le mande una carta documento?.
Tal vez le tendría que haber aclarado que la esperaba, pero me pareció que no hacia falta, si estuvimos un rato conversando en la maquina de café de la oficina.
Bueno, Juan, esta bien, tenes razón el que hablo fuí yo, …ella mucho no dijo, pero me saludo, Juan, me saludo. –Hola-,  me dijo, si así como te cuento, -Hola-, me dijo. No fue un hola muy efusivo, pero tampoco me puso cara de asco.
Aparte, cuando le pregunte, si quería un café, me asintió, como te conté antes, entonces me adelante, puse la ficha en la maquina, aproveche y le dije lo de la plaza. Cuando salió el café se lo di,  me dijo, -Gracias-, y se fue para su escritorio.
Te das cuenta, Juan, estaba todo claro, es como te digo, habíamos quedado  Juancito, habíamos quedado.

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